Todo partido pertenece a los jugadores. El resto de lo que constituye Alumni es compartido por todos quienes lo integran, pero lo que ocurre dentro de la cancha es exclusivamente de ellos. Los jugadores no tienen ningún compromiso con nadie, fuera de sus compañeros, referente a éxitos o a resultados, y sus únicas obligaciones pasan por el respeto. Respeto hacia los adversarios, hacia el referee, hacia quienes visten sus mismos colores, hacia el espíritu del rugby y hacia Alumni, con todo lo que esto significa. Al mismo tiempo, nuestro público cumple con su parte de respeto, manifestándose tan sólo para alentarlos y para aplaudir sus aciertos.
Alumni está formado por los que juegan, por los que entrenan, por los que realizan otras tareas y por el público. No es necesario ser socio de Alumni para sentirse parte, y esto también implica ser reconocido como tal. Eso sí, hay que sentirlo de verdad, estar de acuerdo con su forma de ser, con sus ideas, con las conductas que defiende y que transmite a sus jugadores. Y la primera conducta está a la vista de todos: Respeto, Siempre!
Una forma de este respeto es el cartel en el que se establece la invariable aceptación por parte de Alumni de todos los fallos del árbitro, nos favorezcan o no, hayan sido acertados o no, nos gusten o no. Este respeto, a fuerza de prédica, ha pasado a ser una característica nuestra. Y si alguien lo tiene que tener siempre en cuenta, es cada integrante de la representación más visible, más numerosa, más sonora, más evidente: el público que alienta a nuestros equipos. Pues bien, lamentablemente, esto no siempre es así.
En un partido reciente de una división superior, el público de Alumni no estuvo a la altura de las circunstancias. La premisa de respeto al juez fue ignorada absolutamente por personas identificadas con nuestro equipo, que integraban un coro de protestas a viva voz. Al término del encuentro un socio nuestro –espectador habitual– se dirigió a una de dichas personas, para explicarle que no era esa conducta propia de Alumni. La respuesta que recibió fue que había que actuar contra las injusticias, porque por no proceder así, el país está como está. Pues bien, contestamos: "En Alumni no enseñamos a protestar contra las injusticias, enseñamos a respetar las leyes. Y lo hacemos empezando por respetarlas nosotros mismos, sin excepción. En cuanto a las injusticias, si algo no enseñamos, es a intentar repararlas por mano propia. Hay caminos para ello, si se juzga que tal proceder es el que corresponde. Caminos que sin duda no son los que avasallan principios que tenemos en nuestras raíces, y que han sido tan importantes para lograr lo que Alumni ha conseguido construir y mantener a lo largo de sus 56 años de vida: el respeto y la consideración de la gran familia del rugby argentino.".
Con posterioridad a la aparición de esta nota ha ocurrido lo siguiente: La persona que diera lugar al comentario nos hizo llegar su aceptación de nuestra crítica, junto con su pedido de disculpas a la Institución. Que por supuesto hemos aceptado plenamente en todos sus términos. Esta oportunidad es útil para agregar algo más: En los 56 años transcurridos no sólo hemos ganado el respeto y la consideración externa, sino que internamente hemos podido conservar inalterable el clima de armonía que es característico de Alumni. Y esto se consigue, en todos los ámbitos, manteniendo una conducta coherente y sincera tanto en el acierto como en el error.
En suma, lo que comenzó como una circunstancia no grata ha terminado en una profunda satisfacción. Y mientras enviamos el episodio al olvido, esperamos que la persona que fuera protagonista se reintegre a su lugar entre nuestro público, porque se lo ha ganado merecidamente. Comisión Directiva 
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